Covid-19: Lecciones de una pandemia

El coronavirus ha demostrado que todos los países, independientemente del modelo que defienden y tienen establecido, han tenido que recurrir al Estado y aceptar que éste es imperioso para asistir a los ciudadanos.


25 de noviembre de 2020 - Colaboración de Diurdis Lobaina Frómeta

Covid-19: Lecciones de una pandemia
Tomada de Internet

Categoría: Nacionales

Las grandes potencias son competentes para las guerras, pero ineficaces para servir a sus naciones, es la enseñanza que deja la pandemia de la Covid-19, causante de más de 60 millones de contagios y más de un millón de muertes en el mundo.

En tiempo de coronavirus, el velo de las grandes potencias es raído, como si sobre este actuara doblemente la fuerza de gravedad. La realidad es que la pandemia descarna el agonizante modelo neoliberal, donde lo único que importa es el capital.

Para no pocos analistas, la gran vulnerabilidad de los pueblos y de los seres humanos, su angustia, dolor y desesperación debido a los deficientes sistemas, los males de las sociedades, las condiciones precarias, el bajo nivel de desarrollo socio-económico, las desigualdades, las injusticias, la acentuada discriminación, la exclusión social y las diferencias sociales, son resultados de la deshumanización que imponen el capitalismo y el neoliberalismo.

Las palabras del líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, expresadas en la Tercera Reunión Ministerial del Buró de Coordinación del MNOAL, el 19 de marzo de 1975 mantienen plena vigencia:

“…Hoy el imperialismo maniobra pérfidamente para dividir a los países árabes, aislar al valeroso pueblo sirio, burlar los derechos de los palestinos y aumentar su influencia en el Medio Oriente, a fin de imponer las condiciones onerosas de paz que más convenga a sus intereses y a los de sus aliados en la agresión contra los pueblos árabes…”, advirtió.

Cuatro años después, ante el XXXIV período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Fidel alertó que “el ruido de las armas, del lenguaje amenazante, de la prepotencia en la escena internacional debe cesar”.

“Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo se pueden resolver con armas nucleares. Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia”, subrayó.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, las víctimas de la Covid-19 ya superan las registradas durante la Primera Guerra Mundial.

Estados Unidos, es hoy el epicentro de la pandemia en el planeta, con más de 12 millones 600 mil casos confirmados y más de 261 mil muertos. El mal llamado estado de bienestar, devela con esas cifras ineptitud, incapacidad, crisis, falta de previsión y garantías para asistir en términos médicos a la gran mayoría y hasta a los propios médicos. Cada día son más los ciudadanos de ese país, que no pueden recibir asistencia médica al no tener la suficiente solvencia económica. El presidente Donald Trump restó importancia a la enfermedad y su respuesta a la emergencia sanitaria ha sido muy criticada.

Como expresara, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de la República de Cuba, en el debate del 75 Periodo ordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 22 de septiembre pasado: “El anhelado derecho de la humanidad a vivir en paz y seguridad, con justicia y libertad, base de la unión de las naciones, es constantemente amenazado”.

La política estadounidense de imponer bloqueos y sanciones de alcance extraterritorial a Venezuela, Irán, Corea del Norte, Siria y Cuba, en flagrante violación de los Derechos Humanos, en medio de la pandemia, se recrudece y agudiza los fenómenos sociales que usualmente enfrentan esos pueblos. 

Esa práctica genocida representa un freno para el desarrollo de todas las potencialidades de las economías de los países mencionados, e impide la llegada de ayuda humanitaria a sus territorios.

En contraste, Cuba, cuyo sistema devela una democracia participativa, auténtica y socialista, que representa la voluntad de la mayoría, y que prioriza las necesidades básicas y legítimas de los menos favorecidos, muestra una cifra de 8026 casos confirmados y la lamentable pérdida de 133 personas hasta la fecha, ha aplicado como medida principal el aislamiento social y otras de contingencia y protección a la población por etapas, que han estado acompañadas de orientación fidedigna.

La pequeña Isla, con vasta experiencia en situaciones de desastres y graves epidemias, continúa enviando a sus médicos a otros países para ayudar a combatir la pandemia, sumando novedosamente a países del primer mundo como Inglaterra, Italia, y España, lo que le ha permitido ganar más prestigio a nivel internacional.

El coronavirus ha demostrado que todos los países, independientemente del modelo que defienden y tienen establecido, han tenido que recurrir al Estado y aceptar que éste es imperioso para asistir a los ciudadanos.

Asimismo ha evidenciado, que el capitalismo y el mercado, no resuelven ni aseguran servicios en beneficio de la población, y es precisamente eso lo que demuestra la principal discrepancia entre el capitalismo y el socialismo, mientras el primero concentra grandes cantidades de riquezas a costa de sus ciudadanos, el segundo le asegura estabilidad existencial.

Sin lugar a dudas, el mundo precisa de estados y gobernantes que defiendan y sirvan a los intereses de su población y la de otros pueblos a nivel mundial; de médicos, educadores, instructores y hombres de ciencias que laboren a favor del bienestar y contribuyan a salvar la especie humana.

En conformidad con los tiempos actuales y las lecciones legadas por el coronavirus, urge que cese el financiamiento que justifica la modernización y ampliación de las armas nucleares en nombre de la defensa y la seguridad porque ello, sólo desvanece sueños, destruye y aterroriza pueblos enteros. Asimismo, apremia que los pueblos y sus gobernantes fusionen ideas y presupuestos en busca de una solución más viable para combatir las pandemias que azotan a la humanidad.

Hoy, las prácticas más responsables, lógicas y sensatas que deben cultivarse son la unidad indisoluble que debe existir entre los gobernantes y sus pueblos, la solidaridad, y el amor como la fuerza más universal y poderosa que existe. Esas, darán lugar paulatinamente a los cambios sociales que permitirán eliminar las desigualdades y evidenciar un pronto orden económico, y una distribución justa y equitativa de las riquezas. No se trata de salvarse uno por sí mismo.


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